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Juicio contra Caduca Hoy

Esta es una carta al director que escribí allá por diciembre de 2008, en el curso del entonces llamado «Caso Mitrofan», en el que se pretendía castigar, por la vía penal, a tres humoristas que habían cometido el enorme crimen de hablar de la Corona con humor.

Reina un fresco general procedente de Galicia… Tal era el parte meteorológico que afirman algunos que se publicó en La Codorniz y que hizo que le fuera cerrada la edición durante unos meses en la dictadura del Generalísimo Franco. Hay quien dice que esto es apócrifo. Quienes cuentan que esto fue algo que ocurrió en realidad, afirman que en el primer número que apareció tras el cierre administrativo impuesto por la censura franquista aparecía la siguiente leyenda: “Bombín es a bombón como cojín es a equis. Me importa tres equis que me cierren la edición”. Y se la volvieron a cerrar. O al menos eso dicen quienes afirman que esta anécdota es verídica. Insisto que hay quien dice que todo aquello es apócrifo. Apócrifo o no, lo que creo es que es de esas cosas que merecerían haber sido ciertas. Yo no lo puedo afirmar, soy viejo pero no tanto y era demasiado crío cuando salía La Codorniz y además vivía en el extranjero.

En octubre de 2006 DEIA publicaba el cuadernillo satírico Caduca Hoy con la portada sobre la muerte del oso Mitrofán, previamente embriagado, según se decía, para que lo cazara el Rey. También ese mes se publica el artículo de Nicola Lococo en DEIA y Gara criticando el hecho y donde califica al Rey de “mequetrefe” y “sanguinario turista reincidente”. Por ejercer el humor estas personas pueden ser condenadas a pagar cerca de 11.000 euros. La vez anterior que estos tres humoristas acudieron a la Audiencia Nacional a declarar escribí que “el humor y el humorismo siempre han sido vistos con suspicacia y sospecha por el poder. El poder carece de humor. Nicola Lococo no es el primer filósofo que escribe de forma humorística y, además, el humor y la comedia han sido objeto de análisis filosóficos desde la antigüedad. La Poética de Aristóteles se componía originalmente de dos libros. El primero ha sobrevivido hasta nuestros días y trata sobre la reflexión estética a través de la caracterización y descripción de la tragedia. El segundo libro, desaparecido durante la Edad Media, presuntamente trataba sobre la comedia y el ditirambo. Umberto Eco, otra persona con reconocido sentido del humor, nos relata en su novela El Nombre de la Rosa que fue ese libro el que le ocasionó la muerte a varios monjes que osaron leerlo. Es cierto que se trata de una novela, pero es sabido que la narrativa literaria se alimenta de ingredientes reales. Yo creo que el problema subyacente es claro: la falta de sentido de humor del poder. Al poder el humor no le gusta, porque es un rasgo del ser humano que se le escapa, y le resulta del todo incontrolable.Y eso, que es algo distintivo del ser humano, al igual que el resto de la racionalidad nos distingue de los animales”. Y conste que soy de los que creen que tampoco la libertad de expresión lo ampara todo. Por ejemplo, entiendo que no ampara ni debe amparar a la apología del odio, y me parece muy bien que así sea, pero ése no es el caso que nos ocupa.

Se ha argüido que el humor acaba donde empieza el mal gusto. Puede que sea así, pero no se puede condenar a nadie por tener mal gusto. Como mucho se podrá discrepar e incluso compadecer, ¿pero condenar? ¿Judicialmente además?Además, ¿quién es el guapo que establece la frontera entre el humor y lo que él opine que es mal gusto?

No soy tan viejo pero sí llevo los suficientes años de vida para haber comprado y leído con regularidad en su día la revista Hermano Lobo, aquella maravilla que fue la heredera de La Codorniz de 1972 a 1976. Hermano Lobo siempre acababa en su última página con las siguientes preguntas y respuestas: “¿Para cuándo la democracia en España?”, “¿para cuándo el final de la censura?”, “¿para cuándo la amnistía?”. La réplica siempre fue la misma: “Para el año que viene, si Dios quiere”.¿Seguirán vigentes las preguntas de Hermano Lobo? O lo que es peor, ¿seguirá vigente la respuesta?

Andrés Krakenberger, Activista de derechos humanos

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